Tu casa no es mi casa. Nunca ha sido
tu obrar para mi bien ni tu desvelo
para cuidar mi sueño ni tu cielo
techo o pilar que me haya guarecido.
Quiso pensar mi fe que habría un nido
al que tornar feliz después del vuelo;
mal pensaste al creer que era un polluelo
que a por tu bocado había venido.
Mi casa va en mi espalda, son los años,
sus cimientos. Los muros son redondos,
porque rueden las dichas y los daños
hacia abismos muy hondos. Yo de engaños,
de necios, de tiranos, de sabiondos,
me ausento, como hierba entre rebaños.
Ceci Alexander

No hay comentarios.:
Publicar un comentario